El Fortí: Educar para contemplar la belleza
EL FORTÍENSENYAMENTPENSAMENTS 1 novembre, 2025 Vinaròs News
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CARMEN LLOPIS
La educación del juicio estético siempre estuvo en la mente de los estudiosos de la cultura y la educación. Platón, en La República, afirma que “El arte debe ser la base de la educación”. A partir del siglo XVIII se llevan a cabo los planteamientos centrales en la reflexión sobre el gusto estético: ¿es el gusto una facultad o una capacidad adquirida y condicionada por la cultura?; ¿es esencialmente racional o fundamentalmente sensible. Este proceso que, en el mundo del arte, llegó a su punto álgido con las vanguardias del siglo XX, acabó por poner en cuestión la existencia de parámetros de valoración válidos para todos. Sin embargo, ya desde mitad del siglo pasado comenzaron a surgir, desde diversos ámbitos del pensamiento, manifestaciones y estudios que reivindicaron la necesidad de recuperar la educación de la sensibilidad estética en la infancia.

La educación del gusto, de la belleza, debería ser una parte fundamental del aprendizaje. Educar la sensibilidad es más necesaria que nunca para proteger a los pequeños de contenidos a los que les someten la televisión, las redes sociales, videojuegos, etc. El gusto, desde este enfoque, no se reduce a la valoración de obras de arte, sino que se convierte en una herramienta para mejorar el juicio crítico y la competencia social y emocional.
Las palabras sabor y saber proceden de la misma raíz. El verbo latino sapere guarda relación con la capacidad de discernir, de tener juicio y valorar -gustar- la bondad o maldad de las cosas. El gusto, en su acepción original, tiene mucho que ver con la formación del espíritu crítico y con la adquisición del criterio necesario para juzgar la calidad de todo lo que nos rodea.
La educación estética desde pequeños pone bases a la futura personalidad. El gusto estético completa la integridad de la persona por su importancia en el desarrollo de los campos afectivos, además de los cognitivos. Pero en la mentalidad pragmática imperante el gusto ha perdido protagonismo en relación a otros ámbitos. Se desconocen los objetivos de la creación artística, que es interdisciplinar. En ocasiones, las aficiones de carácter artístico quedan ahogadas por el temor a ser diferentes, por miedo al rechazo por parte de su entorno, de la sociedad en general, de la moda. Además, el ocio tecnológico supone una amenaza para la transmisión del gusto en la niñez, ya que elimina el poder creativo.
Educar para la belleza a través de la belleza es el punto de partida más evidente para la educación del gusto. Se educa para la belleza a través de la belleza. Hay que enseñar, desde la infancia que en la vida lo ordinario se puede convertir en extraordinario. No basta, familiarizarles con grandes obras artísticas, se puede rodear a los niños/as de cosas bonitas, mostrándoles la unión entre la belleza y su vida. Debemos enseñarles el sentido de las cosas, la unión entre la belleza y la realidad, es decir, el sentido de la vida.
Educar en el asombro es educar en el agradecimiento por la vida, por la belleza y el misterio que le rodea. Y es que la capacidad de asombro es la forma natural que se tiene para descubrir el mundo, aunque los adultos con demasiada frecuencia, desaprovechamos.
La sobre-estimulación desde la televisión, videojuegos, – como hemos visto- hasta los supuestos juegos educativos o el consumismo afectan a ese proceso de descubrimiento natural, convirtiendo a la infancia en seres pasivos, incapaces de desear nada de verdad, porque ya lo tienen todo. Por el contrario, el asombro permite ver lo extraordinario que se esconde en lo ordinario… Lo que nos lleva a una actitud de agradecimiento.
Catherine L’Ecuyer 1reivindica el poder educativo de la Belleza y aboga por ayudar a los pequeños a desarrollar su capacidad natural para reconocer lo bello, “porque la belleza es lo que asombra”.

Cuando hablamos de educar el gusto no nos estamos refiriendo a programar continuas visitas a museos, convirtiendo a la infancia en pequeños eruditos del arte. Se trata de iniciarlos, desde los primeros años, en la apreciación de la belleza -también de la llamada belleza moral- presente en los objetos y en las personas que están a su alrededor. Estas son algunas recomendaciones prácticas:
- Fomentar, desde la primera infancia, el contacto con la naturaleza. La observación del cielo, el mar, un bosque, los animales…,
- La educación sensorial en los primeros años de la infancia está dirigida al reconocimiento de formas, tamaños, texturas, colores… es conveniente ayudarles a adquirir el vocabulario básico relacionado con la descripción de los objetos de su entorno.
- Favorecer el silencio. Un reto es favorecer la serenidad en el hogar, en la escuela… posibilitando la reflexión, la escucha, la observación de las personas y de la naturaleza.
- Emitir juicios sobre objetos: un dibujo, un juguete, una flor, una melodía… Preguntar para reflexionen sobre por qué hay cosas que les parecen bonitas y otras que no. El orden es una de las fuentes de la belleza …
- Aprovechar el poder de la imagen y la riqueza educativa que encierran las ilustraciones de los cuentos infantiles que muestran la diversidad que existe al representar la realidad, y llegar a valorar ilustraciones tanto realistas como imaginativas o abstractas, sin estereotipos.
- Iniciarles en la observación de obras artísticas y hacer actividades extraescolares de música, pintura, danza…
Educar en la belleza tiene que ver con la búsqueda de nuestra propia identidad. La belleza llena de sentido nuestra vida porque estamos orientados a ella. Solo tenemos que descubrirla en cada circunstancia de nuestra vida. Mirar a los demás con los ojos, pero también con el corazón. Así seremos capaces de contemplar: mirar muy despacio, sin prisa, sin tiempo. Se trata de pasmarse ante la verdad, saliendo de uno mismo. Para lograrlo, es necesario evitar los prejuicios2
1 Canadiense, afincada en Barcelona y madre de 4 hijos. Máster por IESE Business School, máster Europeo Oficial de Investigación y Doctora en Educación y Psicología. agenda@catherinelecuyer.com
2 Ricardo Piñero Moral, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra. Enseña filosofía a economistas y dirige diversos proyectos de investigación que analizan el pensamiento estético y el arte contemporáneo en su relación con la transformación social.





