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Así pasan la crisis del coronavirus gentes de nuestras tierras residentes en el extranjero (y III) Así pasan la crisis del coronavirus gentes de nuestras tierras residentes en el extranjero (y III)
E.FONOLLOSA Una morellana y una vinarocense acaban hoy el contacto que hemos mantenido en las últimas semana con algunos de los habituales seguidores del... Así pasan la crisis del coronavirus gentes de nuestras tierras residentes en el extranjero (y III)

E.FONOLLOSA

Una morellana y una vinarocense acaban hoy el contacto que hemos mantenido en las últimas semana con algunos de los habituales seguidores del Vinaròs News de nuestras comarcas, pero residentes en el extranjero para que nos contaran cómo viven esta situación desde sus respectos países de acogida.

Imma Vives, de Morella, vive en Luxemburgo.-

El confinamiento en Luxemburgo comenzó al mismo tiempo que a mi tierra y estoy viviendo las dos experiencias en paralelo. Aquí tenemos más libertad para salir a pasear y disfrutar de la primavera, siempre cerca del domicilio y respetando las distancias. Ahí algunas actividades esenciales ya han comenzado y aquí todavía tardarán unos días.

Intento vivir el presente, disfrutar del hogar en compañía de la familia y la amistad de los vecinos, la disponibilidad de los que están lejos para llamarlos y enviarlos más mensajes. Descubrimos las nuevas tecnologías, que nos acercan las conversaciones y aventuras de los viejos tiempos.

Las redes sociales se llenan de las recetas, manualidades y consejos de lecturas del presente mientras los viajes y las fiestas ya sólo llevan el sello del pasado. Comenzamos encendiendo la chimenea y bebiendo vino de Useras (el de la leyenda de Esgarracordes) y ahora estamos utilizando crema solar para trabajar o leer en la terraza cuando estamos probablemente a la mitad. Nos hemos pasado al vino blanco de esta tierra que crece en la Mossel, a escasos km de donde el bebemos.

En Luxemburgo sigo de cerca el número de aviones que la Generalitat ha conseguido alquilar con material que utilizarán los valencianos. Mientras lo leía deseaba buenas Pascuas y mucha salud a los padres, hermanas y sobrinas, a mis amigos morellanos y los que están más cerca, a los colegas y ex colegas … pensaba que este año no probaría ni las roscas dulces ni las saladas.

Aquí el aeropuerto de carga está al lado de casa y cuando pasan los escasos aviones haciendo ruido por encima de mi cabeza que toma el sol, pienso en el esfuerzo de los dirigentes para llenarlos y hacernos llegar mascarillas y guantes. Se convertirán en parte de nuestro uniforme, extraños hasta hace unas semanas, cuando parecían un complemento sólo asiático.

Ayer llegaron las noticias de la vuelta a las escuelas luxemburguesas de primaria el 25 de mayo. Esto significa unas cuantas semanas más de teletrabajo, de escuela en casa, de ver los colegas sólo en la pantalla. La sensación es que cuando volvamos a la normalidad ya nada será como antes, echaremos de menos el tener tiempo para vivir lentamente y apreciaremos mucho más los abrazos y la vida en grupo, la dinámica de un equipo y las conversaciones alrededor de una gran mesa que estuvieron ausentes durante meses. Y sobre todo nos alegraremos cuando las estadísticas de la pandemia ya sólo sean buenas y leemos el punto y final, la vacuna, el tratamiento, el último caso grave.

Los sanitarios, los cuidadores y los trabajadores de las tiendas de productos de primera necesidad quedarán para siempre marcados como héroes para darnos lo más importante durante el tiempo donde las cosas esenciales quedaron reducidas a un número muy escaso. Para todos ellos, mi reconocimiento.

La gran pregunta ahora es si cuando nos podamos volver a ver en salud y en normalidad será tiempo de San Juan, St. Cristóbal o San Roque. Si podremos comernos los dulces y tortas típico en familia o como todo un pueblo en hermandad. Si podremos ir a la piscina, al pinar o en la playa aunque sea con mascarilla y si podremos volar antes de que acabe el año. Un año que no olvidaremos nunca, del que hablaremos con el detalle de las memorias marcadas. Un año que nos ha cambiado a todos y nos ha hecho -puede ser- mejores.

Sara Mormeneo, de Vinaròs, vive en Waldkirch (Selva Negra, Alemania). Dentro de la gravedad de la actual situación, estamos bien. El 17 de Marzo se cerraron centros educativos y la mayoría de comercios, desde entonces trabajo desde casa sin problema. La empresa para la que trabajamos continúa funcionando con relativa normalidad, si bien se han adoptado medidas de seguridad-higiene. El cambio más drástico, sobre todo para los niños, ha sido la reducción del contacto social. Por suerte tenemos jardín, buen tiempo, y la posibilidad de salir a pasear en familia o grupos de dos personas, lo que hace la situación más llevadera. Al igual que en España escasean determinados productos, pero más o menos se puede comprar de todo. De momento se ha prolongado otras dos semanas el cierre de los colegios. Nos preocupa saber que tardaremos en volver a encontrarnos con familiares y amigos, somos conscientes de que esto se va a prolongar y de que va a haber cambios, aunque lo importante es que seguimos todos bien, cada cual con sus circunstancias.

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