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Joan Gil: desde el Ártico hasta la Antártida plasmando fauna y paisajes en imágenes Joan Gil: desde el Ártico hasta la Antártida plasmando fauna y paisajes en imágenes
EMILI FONOLLOSA España es un país lleno de motivos para fotografiar, por su rica flora y fauna, aunque a veces no sea fácil hacerlo... Joan Gil: desde el Ártico hasta la Antártida plasmando fauna y paisajes en imágenes

EMILI FONOLLOSA

España es un país lleno de motivos para fotografiar, por su rica flora y fauna, aunque a veces no sea fácil hacerlo en absoluta libertad por la protección existente, según opina Joan Gil Raga, de Alcanar-Vinaròs-l’Aldea (las poblaciones donde pasa más tiempo cuando no viaja) quien a sus 63 años se dedica a patearse el mundo, cargado de cámaras para inmortalizar animales, flora, paisajes e incluso también los rostros de los habitantes de cada lugar.

Gil alaba que las especies protegidas o en peligro de extinción tengan desde los organismos públicos españoles unas estrictas normas en cuanto a poderse aproximar a ellas para tomar imágenes. Sin embargo, reconoce que esto es un hándicap a la hora de buscar los mejores planos y los instantes más inéditos de cada animal o planta, dado que en muchos casos requiere de la obtención previa de permisos. No por ello deja de ser España uno de sus países preferidos para fotografiar la naturaleza, aunque son numerosas las incursiones extranjeras que ha hecho y tiene previsto hacer.

Recientemente estuvo en Cuba, donde se dedicó en especial a retratar rostros, “comencé buscando solo naturaleza, pero ahora me gusta plasmar razas, etnias… allí retraté desde descendientes asiáticos, descendientes españoles, indios (aún quedan algunos), en 9 días en Cuba hice unas treinta mil fotos y es que todos se mostraban encantados de que les hiciera fotos”. Uno de sus últimos viajes también ha sido a un pequeño pueblo marroquí porque “me interesan cada vez más fotografiar personas de razas distintas”.

El primer periplo importante de Joan Gil le llevó hasta las islas Malvinas, de soberanía inglesa, junto a la costa argentina. “Es un paraíso para fotografiar pingüinos, focas y albatros, pero no paisajes, entre la capital y las casi desiertas pequeñas islas que se cuentan por centenares, no deben llegar ni a dos mil habitantes, los animales ni se espantan”. Un viaje importante posterior fue al Ártico, sobre todo para fotografiar osos polares. Estuvo en Svalbar, las islas habitadas más cerca del Ártico (a 1.200 km. después del Cabo Norte, en Noruega). “En un barco muy pequeño íbamos 10 fotógrafos, llegamos a fotografiar hasta 41 diferentes osos”.  Otro viaje lejano fue a las islas subantárticas de Nueva Zelanda y el mar de Tasmania, “de las 18 diferentes especies de pingüinos existentes en todo el mundo, 5 están allí… el viaje fue duro porque el mar estaba muy bravo y hubo muchas horas de travesía”.

ANTÁRTIDA

Otra aventura fotográfica de Gil le llevó hasta la Antártida, donde “se están restringiendo las visitas y acabarán por dejar solo ir a unos pocos barcos, cada semana solo dejan bajar un grupo de gente y con un horario muy reducido”.

Las puestas de sol “con un tono rosado”, la foca monje cazando pingüinos, , “con sus cuatro metros de envergadura”, los pingüinos saltando todos juntos, los elefantes marinos, los cormoranes…  el viaje antártico le reportó grandes momentos fotográficos.

Cuando estuvo entre la frontera finlandesa y la rusa, llegó a soportar  42,5 grados bajo cero, “las cámaras me funcionaron porque las pilas nuevas aguantaron, pero el cable del disparador se me congelaba, allí fotografié alguna aurora boreal, alguna águila dorada… aunque las mejores auroras las hice en el norte de Noruega, en Tromso”.

El año próximo quiere ir a fotografiar la luna llena entre los glaciares, en Groenlandia, “allí además el hielo es muy diferente al del Ártico y la Antártida”.

Estuvo durante un mes y medio en Islandia, disparando miles y miles de fotos, como en cada viaje. “Hay que hacer muchas fotos, para elegir las mejores, recientemente reparé una de mis cámaras en la que ya llevaba hechas 680.000 fotos (las aseguran para unos 400.000 disparos)”. Siempre va provisto de las mejores cámaras y equipamiento del mercado, “llevo mochilas que pesan 20 kilos, aunque para hacer paisajes y retrato ya van muy bien las de menor envergadura”.

Diomedea epomophora
Isla subantartica de Campbell – Nueva Zelanda

FOTÓGRAFO POCO CONVENCIONAL

Aunque durante buena parte de su vida, no se ha dedicado profesionalmente a las cámaras, hoy en día está centrado cien por cien a la fotografía, pero no es un fotógrafo convencional. “Yo no me dedico por ejemplo a hacer reportajes de bodas y comuniones, aunque también los haya hecho, sobre todo contacto con agencias y revistas, ofreciendo mis fotos, aunque ahora se paga muy poco por esto, me llegaron a publicar fotos en National Geographic, pero es muy complicado, cuesta lograrlo”. Así, viene a ser un fotógrafo “freelance” y acostumbra a participar en concursos, habiendo ya cosechado varios premios destacados. No dispara la cámara pensando siempre en que esas fotos podrá venderlas, “por ejemplo, llevo muchos años siguiendo el Carnaval de Vinaròs, pero nunca he vendido ninguna, las hago por gusto”.

Vivir hoy en día de la fotografía a base de viajar por todo el mundo difícilmente puede ser rentable, “de la venta de esas fotos viven muy pocos, se ha convertido en un mundo muy complicado para vivir de él, hay fotógrafos aficionados que hacen también muy buenas fotos y a las entidades y editores de libros que van a  usar esas fotos les da igual si eres un profesional  o aficionado y tampoco son muy escrupulosos con la calidad de la imagen, no buscan su excelencia”.

Tiene un buen currículum de fotos premiadas, así como tres premios LUX en diferentes categorías es el concurso de Fotografía Profesional Española, destacando también tres años seguidos ganando la Liga de la Federación Española en la categoría de naturaleza.

EXPOSICIONES

Joan Gil ha hecho exposiciones fotográficas muy singulares, como la de “Bèsties Marines”, donde refleja fauna marina de una forma muy peculiar; ha sido exhibida en Vinaròs, Amposta, Barcelona, Calaceite, Mollet, etc. Otra peculiar ha sido una dedicada a una población marinera próxima a Venecia, Burano, donde “cada casa tiene un color diferente”. Tal vez la más original ha sido la denominada “Bambolles”, hechas mezclando agua con gotas de aceite.

Aunque usa lo mejorcito en cámaras de fotos, también tiene un teléfono móvil de última generación porque “en algunos lugares te ponen inconvenientes si te ven con cámaras,” y ahora “algunas agencias compradoras de fotos, ya aceptan que puedan estar hechas con el móvil” decía finalmente.

Els «gyotakus» de Joan Gil

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