
CARMEN LLOPIS
Siguiendo el artículo anterior, nos parece importante tener en cuenta unas bases científicas para la educación estética que proponíamos.
Se puede plantear como un proyecto cuyo objetivo es colaborar con madres y padres en su labor educativa aportando ideas, reflexiones y estrategias que les ayuden a conseguir ese objetivo, que entendemos que es el de todos: educar en la belleza, en el misterio, en la contemplación, en una experiencia profunda que nos hace entender que los seres humanos somos mucho más de lo que nos están contando.
La educación desde la dimensión estética comporta una revisión de todas las dimensiones de la persona, se centra en la percepción, la imaginación y la dimensión emocional, estableciendo un vínculo con el conocimiento y la comprensión del mundo.

Arte y estética, suelen interpretarse muchas veces como partes de un mismo todo. Pero no solo es el arte lo que genera un goce estético. Éste puede venir dado por la contemplación de la naturaleza, por el propio pensamiento creador, por las relaciones humanas… La dimensión estética nos conduce al reconocimiento del valor de la percepción, del darse cuenta sobre las impresiones recibidas, sean gozosas o no, procedan del arte, de la naturaleza o de las propias emociones.
El estudio desde la filosofía de los problemas estéticos se originó en la antigüedad, pero hasta el siglo XVIII no se independizo de la filosofía al iniciarse una investigación de sus principios. El término estética fue acuñado por el filósofo alemán Alexander Baumgarten en 1735, cuando estudia la sensibilidad y las sensaciones de los objetos bellos.
La estética, por tanto, es la rama de la filosofía que estudia la belleza, el arte y el gusto… Examina fenómenos estéticos, cómo los experimentan las personas y cómo los objetos los evocan, también investiga la naturaleza de los juicios estéticos, sus propiedades y su existencia objetiva o subjetiva… Las experiencias estéticas se asocian con un placer desinteresado, desvinculado de las preocupaciones prácticas. El gusto es una sensibilidad subjetiva a las cualidades estéticas, y las diferencias en el gusto pueden dar lugar a desacuerdos sobre los juicios estéticos.
La belleza se entiende típicamente como una cualidad de los objetos que implica equilibrio o armonía y evoca admiración o placer al ser percibida. Esta concepción de la belleza tiene sus raíces en la Antigüedad clásica y el Renacimiento italiano y afirma que la belleza es una disposición armoniosa de las partes en un todo coherente. El hedonismo estético, en cambio, es una teoría subjetiva que sostiene que algo es bello si actúa como fuente de placer estético. Otras concepciones definen los objetos bellos en términos de valor intrínseco, la manifestación de formas ideales o como aquello que evoca amor y pasión.
Puede darse, y de hecho se da con mucha frecuencia, que no se logra encauzar el
sentido del pensar precisamente porque no educamos el sentido de sentir (Martínez Bonafé, 2003: 147).1
Apreciar la belleza de una poesía, de un libro, de una asignatura, de una familia, de un comportamiento, de una actitud, de una obra de arte… cuesta tiempo y como no es inmediato se excluye de nuestras vidas. Conviene recordar que lo inmediato puede ser informativo, aunque nunca es conocimiento.
Kant2, identifica cuatro características fundamentales de los juicios estéticos: son subjetivos, universales, desinteresados e implican una interacción entre el sentido, la imaginación y el entendimiento.

Estudios recientes sugieren que las experiencias artísticas permiten a los estudiantes reconectar con sus emociones, fortalecer su identidad y cultivar relaciones más profundas con su entorno, el arte no solo es fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional, sino que también facilita formas de interacción que promueven la reflexión crítica y el crecimiento personal.
La educación estética integra tres aspectos -emocional, cognitivo y social-3 este enfoque integral del bienestar, no solo mejora la calidad de vida de los estudiantes, sino que también los prepara para convertirse en ciudadanos conscientes, creativos y socialmente responsables. La educación estética pasa a ser un componente esencial en la formación de individuos más completos y preparados para contribuir al bienestar colectivo y al desarrollo de una sociedad más equitativa y sostenible.
Una educación que se plantee y proponga contemplar la persona en su globalidad
debe incidir en estos aspectos expresivos y comunicativos que conforman la unidad indivisible del ser. Muchas de las formas de pensamiento más complejas y sutiles tienen lugar cuando los alumnos tienen la oportunidad de trabajar de una manera significativa en la creación de imágenes, sean visuales, coreográficas, musicales, literarias o poéticas, o la oportunidad de poder apreciarlas (Mateu, 2006: 90).4
La educación de la dimensión estética a través de la educación artística puede ayudarnos a conseguir en l@s estudiantes:
— La ampliación de su registro sensorial y sensible.
— La mejora de la atención en la contemplación de ideas, de sonidos y de imágenes.
— La práctica del juego imaginativo, el ejercicio de la fantasía.
— El aumento de su vocabulario expresivo y comunicativo.
— La mejora en su capacidad de selección y de decisión para generar representaciones
simbólicas.
— La formación de un juicio estético.
— El compromiso colectivo vinculado al deseo de compartir sentimientos.
1 MARTÍNEZ BONAFÉ, J. (2003) Ciudadanía, poder y educación. Barcelona: Graó.
2 Königsberg, 22 de abril de 1724- 12 de febrero de 1804.Filósofo prusiano de la Ilustración. Fue el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán.
3 D’Olimpio, L. (2023). Aesthetica and eudaimonia: Education for flourishing must include the arts. Educational Philosophy and Theory, 55(1), 1–10. https://doi.org/10.1080/00131857.2023.1234567
4 La corporalidad en las artes escénicas, en M. CASTAÑER (coord.) y otros; La inteligencia corporal en la escuela. Barcelona: Graó, 83-106





