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MANUEL MILIÁN Barcelona vuelve a ser hoy la Rosa de fuego, tal como se la conoció a partir de la Semana Trágica de 1909...

MANUEL MILIÁN

Barcelona vuelve a ser hoy la Rosa de fuego, tal como se la conoció a partir de la Semana Trágica de 1909 de tan amarga memoria. Una suma se errores nos ha llevado al escenario actual, más propio del siglo XIX (el dels “aldarulls obrers” y el ludismo) o a la escenografía trágica de los años 30 del pasado siglo. Pésimas memorias que coinciden a menudo con pésimos liderazgos políticos. Pero si la Historia es reiterativa y tozuda, los hombres que la encarnan son aún más tercos. hoy estamos donde estamos porque no se quiso atender a la Historia, ni a sus movimientos cíclicos, ni a sus lecciones. Los protagonistas son los mismos, reeditados: pésimos políticos, manipulación de las masas, perversión de las ideas, abuso del lenguaje y de los tópicos, imperio de los mediocres, pérdida de valores y relativismo moral, y una desaparición de élites sociales que conduzcan al pueblo desde la Razón, en lugar de hacerlo desde la utopía ¿Qué ha quedado el seny dels catalans? Un ingente vacío implementado por la más escandalosa manipulación conocida después de Goebbels.

Este es un artículo para escribir con lágrimas en los ojos. Desde que José Mª Aznar en el 2000 cometió el inmenso error de apropiarse por sí mismo de la mayoría absoluta, todo ha derivado en despropósitos. Perdida la perspectiva de juicioso gobernante, se precipitó en una borrachera de errores a partir del divorcio de Jordi Pujol. Su más que lamentable sucesor, Rajoy, remataría la antología de despropósitos y de desentendimientos con Catalunya, de la que hoy somos víctimas. Su incuria, su ociosa manera de desgobernar, la pésima interpretación de los hechos en Catalunya de la incompetente Soraya Sáenz de Santamaría destrozó el escenario. Nunca acertaron a interpretar la sintomatología de los hechos. Nunca quisieron escuchar los consejos de personas expertas y sensatas. Nunca hicieron caso de ciertos informes que estuvieron en sus manos. Hoy vivimos las consecuencias de este gran error: Catalunya no es lo que ellos querían que fuera ¿Acaso desconocían la emergencia infalible del independentismo catalán a lo largo de los últimos tres siglos? De esta ignorancia se sigue el monumental error que ahora enciende las noches de Barcelona.

El Estatut de 2006 era probablemente un “mal necesario”: Ni ZP, ni Rajoy, ni la demencial recogida de firmas en mesas callejeras de los insensatos Arenas y Rajoy era un remedio. Por el contrario encendió la actual hoguera. Un insulto innecesario. A partir de entonces todo ha sido un inmenso despropósito, como el pedrusco del mito de Sísifo. A cual peor. Acá y allá, en ese Madrid que sólo persigue engullir la riqueza y el poder de todos los españoles. Ni Artur Mas, ni Montilla, ni los tripartitos supieron soslayar el problema desde la desmesura de los zánganos y los utópicos. El resto lo ha consumado la incompetencia de Puigdemont y de Torra, animados por la fiebre de la inflamación nacionalista.

¿Tan difícil era entender el agravio comparativo del trato privilegiado a los vascos y navarros? ¿Tan imposible resultaba apreciar que a la vaca fiscal catalana no se la podía extenuar a impuestos e inspecciones fiscales? ¿Tanto cuesta admitir que Andalucía goza de privilegios, como ese PER  tan injusto como discriminatorio? ¿Tan imposible resulta de entender ese espíritu de nación que Catalunya lleva en su ADN? ¿Tan necios son los políticos castellanos (como decía Tarradellas) para no apreciar la fatiga del insolidario trato con Catalunya?

Llegados a este punto, el futuro se nos presenta turbio, pedregoso, e inútil si el Madrid del poder absoluto no hace un acto de contrición que le lleve a preguntarse qué se ha hecho mal hasta ahora. Si no reconsideran los males y sus causas, la actual crisis se trasladará, sin duda, en el Estado; y, entonces, será “el llanto y crujir de dientes” del usual infierno español por todos conocido ¿Volveremos a 1932? Tarradellas insistía: “¡Nunca más los hechos de octubre!”. Y en eso estamos.

Futuro negro, si Madrid no despeja sus lamentables incógnitas, ni Catalunya encierra su “rauxa” y pone el cerebro a funcionar. La emoción y la pasión obnubilan la percepción de los problemas y agravan la convivencia. Más que nunca habrá que cortar este proceso y sentarse a la mesa de la negociación, pues a la vista está la necedad rajoniana de lavarse las manos como Pilatos y cargarle el mochuelo a la Justicia, que nunca debió de intervenir en una situación como esta. Catalunya no es Euskadi, ni Eslovaquia, ni la ex Yugoeslavia, ni Kosovo. Catalunya podría ser el Ulster, si los inmensos errores actuales no se corrigen a tiempo: dos sociedades malconviviendo y enfrentadas ¿Habrá un Viernes Santo como en Irlanda del Norte? ¿Los obtusos optarán por el estacazo balcánico? Ni Madrid – y todo lo que ello significa – puede emular a Erdogan, ni los catalanes somos kurdos, aunque nos parecemos. Porque fuimos una nación (Corona de Aragón) y eso Castilla no parece reconocerlo. Tarradellas tenía la razón.

 

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