
De aquí y de allá: Huérfanos de voto
DE AQUÍ Y DE ALLÁPENSAMENTSVINARÒS MAIL 26 octubre, 2025 Vinaròs News


MANUEL MILIÁN
En 1969 el cardenal Vicente Enrique Tarancón prohibió a un núcleo de católicos la refundación en España de la Democracia Cristiana. Yo me encontraba entre aquella docena de destacados militantes de la Asociación Católica de Propagandistas. Landelino Lavilla, Marcelino Oreja, Íñigo Cavero, Fermín Celada, Otero Novas, Teófilo González Vila, José Almagro, Serafín Ríos, etc. El adalid de la causa era el coronel jurídico del Ejército Abelardo Algora, presidente a la sazón de ACdP, que había dado ministros como Martín Artajo, Fernando M. Castiella, Silva Muñoz, J. Ruíz Jiménez. Era la hora del café, un sábado, en el domicilio de Abelardo Algora en la calle Pedro Muguruza de Madrid. Aquella prohibición taranconiana tuvo dos efectos: yo me separé del grupo y convine con Manuel Fraga (el 9 de enero de 1970 en un restaurante madrileño con el banquero José Mª. Santacreu y el notario Ballarín Marcial) la fundación de un partido, a medias clandestino, del que surgiría Ap y PP. Por otra parte, el grupo restante se refugiaría en Tácito un seudónimo que teorizó e influyó decisivamente en la Transición y en la creación de UCD y del gobierno de Adolfo Suárez.
Nunca compartí la decisión del cardenal Tarancón a la que contesté desde mi sección en Diario de Barcelona ; ni menos todavía su eterno argumento: “No quiero un partido de católicos, sino católicos en los partidos”. Años después se lamentaría de que ni siquiera había logrado surgir “una ética civil” tras el mandato de Felipe González, a quien el Episcopado español había becado en la Universidad de Lovaina, y el cardenal Bueno y Monreal había protegido en su palacio de Sevilla para evitarse caer en manos de la policía franquista. ¿Cuáles han sido las consecuencias de tan estratosférico error?
a) Los prelados españoles adolecían de verbalismo e ingenuidad. ¿Se podían fiar de los “republicanos” que persiguieron a la Iglesia implacablemente desde 1936? Basta repasar la “Historia de la persecución religiosa en España (BAC) de Antonio Montero. ¿Tuvo incidencia en el PSOE ese más del 50% de votantes y militantes católicos según las encuestas de la época?
b) El desperdigado voto católico se refugió en AP, UCD, CiU… Es decir, se fraccionó y perdió peso específico en la secuencia de los acontecimientos (la legalización de aborto fue una prueba). Los “católicos en los partidos” diversificaron y debilitaron su peso específico y su influencia determinante, agravada por la mala conciencia de las postrimerías del franquismo.
c) “Facta non verba” como exigía el senador Catón el Viejo en el siglo II a.C. Paulatinamente la Iglesia fue perdiendo incidencia “ideológica” y sus seglares no pudieron resistir la presión, cada vez más agobiante de gran parte del sectarismo. Partidos que habían asumido el “humanismo cristiano” fuera diluyendo su intensidad doctrinal paso a paso : Aznar los borra de las bases ideológicas del PP ; disolvieron la Internacional Democristiana en compañía del irregular Berlusconi. Paso a paso el laicismo masónico penetrará en partidos como el PP, PNV y UDC, todos ellos de inequívoca raíz cristiana.
d) La sacralización de los nacionalismos ha diezmado la praxis e influencia del cristianismo. A la vista de lo sucedido en Euskadi y en Cataluña con ETA y el “Procés” la pérdida de la incidencia de la Iglesia resulta ya un axioma. Se acabaron los misioneros vascos por el mundo, se acabaron los seminarios pletóricos como Vitoria o Pamplona y se derivó a la sociedad vasca hacia el matonismo revolucionario de ETA y sus consecuencias. En Cataluña basta asistir a la misa dominical para cerciorarse del enorme vacío que puebla los templos tras el “Procés” y la pandemia del Covid en 2020. Nuestras iglesias relucen de viejos y con juventudes inexistentes. ¡Hechos y no palabras!
e) La secularización creciente de la legislación en España (legalización del aborto y de la eutanasia) conlleva una desactivación de resistencias culturales respecto a otras culturas y religiones que progresivamente se instalan en nuestro país con la incontenida violación de fronteras y la inmigración ilegal ; lo cual, no solo debilita la consistencia del ser nacional , sino que establece nuevos parámetros en la educación y en la vida social que en un mañana no muy lejano derivarán en un conflicto de convivencia con el Islam, tal como afronta ya Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda y los países escandinavos. Cataluña, con una población de más de un millón de musulmanes amanece como un precedente de lo que puede ser España. Si a ello añadimos el factor demográfico decreciente de la débil natalidad de los genuinos catalanes, la perspectiva de ambos factores natalidad menguante, con abortos de 60 por día según ciertas informaciones establece una dinámica de desproporción inexorable a medio plazo frente a la natalidad de los musulmanes. (¿Quién dijo que “había que conquistar Europa con el vientre de nuestras mujeres”?)
La conclusión es evidente: la profecía del obispo Torres i Bages: “Cataluña será cristiana o no será”. ¿Estamos aproximándonos al “no será”? De ser así, Tarancón había perpetrado un disparate histórico, al disminuir su voz y dejar sin voto al mundo católico español. ¿Le restan garantías de futuro al peso social y político de los cristianos? ¿No es lógico que la Cataluña histórica e indentitaria busque refugio en Aliança Catalana y en la voz de Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll? De aquellos polvos llegaron estos lodos. Que nadie se refugie en los errores del pasado ante la orfandad de voto de tantos cristianos políticamente desamparados. ¡Triste corolario!





