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MANUEL MILIÁN El oficio de profeta nunca fue rentable ni en el Antiguo Testamento: si se aciertan los pronósticos puede uno perecer bajo los...

MANUEL MILIÁN

El oficio de profeta nunca fue rentable ni en el Antiguo Testamento: si se aciertan los pronósticos puede uno perecer bajo los improperios de la plebe que sufre las consecuencias de lo profetizado. En el supuesto de no apreciarse el veredicto de sus predicciones, el profeta pasa directamente a las “horcas caudinas” de los gerifaltes romanos. Como aconseja la prudencia de los ancianos, mejor callar; si bien callar a veces resulta la peor de las tragedias. A Cicerón, un político previsor de Roma, le sobraba la razón. “Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla”. ¿No fue Ortega y Gasset quien parafraseó esta tremenda sentencia del sabio latino en la antesala de la hecatombe de la II República? Su: “no es eso, no es eso” aún resuena en las páginas de los historiadores. Julián Marías se lamentaba de que no se quiso atender las cautelas de Julián Besteiro en los prolegómenos de la Guerra Civil. Era socialista, intelectual ilustrado y sensato. Un vano ejercicio en los años del enloquecido Largo Caballero.

Y, sin embargo, la historia se repite. Un psicópata rige nuestros destinos (Rosa Díez dixit). Pero un pluscuamperfecto mediocre gobernante – José Luis Rodríguez Zapatero – apadrinó, y retorció los hechos a quien hoy se acuesta en la Moncloa. Fue mi amigo, compartimos años la mesa en el Congreso, lo creí buen sujeto, y veo ahora el asombro de mi error. Aquel pésimo gobernante tan indocumentado nos ha legado el régimen que hoy tenemos.

 Una herencia de despropósitos, un enjambre de incompetentes, un esplendoroso espectáculo de corrupción y corruptos. No, no es esta únicamente la nómina de las desventuras: la desnaturalización de la democracia, el intento de sojuzgar la prensa, el afán de limitar las libertades, el asalto de las instituciones del Estado y las empresas privadas y públicas, el divorcio, el desvarío de los sueldazos… compone un paisaje de sospechosa viabilidad.

Cuando repaso el índice de los secuaces de George Soros (La red secreta de Soros de Joaquín Abad publicado en 2020) y su proyecto de un “Nuevo Orden Mundial”, a uno le tiemblan las piernas de que tales propósitos llegaran a cristalizar. Cataluña tuvo la experiencia en octubre de 2017 y todavía arrastra sus corolarios… Pero la crónica de Alberto Alandete en ABC (27 de julio) desde Washington con la denuncia en los foros que yo bien conozco de antaño, y la imputación de Hermann Tertsch, me aclara sobre manera: “Vox denuncia en EE.UU la amenaza del Sanchismo para Occidente” ¿Acaso se eclipsará el seny? ¿Alguien puede pensar que un desafío a USA y a la OTAN es sencillamente razonable? ¿Desafiar a Occidente con abrirle las puertas al comunismo chino resulta inteligente?

Llegados a este punto habrá que acudir a la Biblia para revisar la suerte de los grandes profetas agoreros: Daniel, Jeremías y tantos otros supieron de las consecuencias de sus anuncios, que nadie atendió. Ni Babilonia, ni Nínive, ni Sodoma y Gomorra… Les significó a todos ellos una hecatombe, su autodestrucción, pero me inquieta el desmedido afán de poder de los autócratas desmemoriados… y de los necios que desoyen el clamor de los silencios. ¿Regresará a Moncloa algún día el sentido común? ¿Escucharan los ecos de Heródoto, padre de la historia, el testimonio de Marco Tulio Cicerón que le costaría su vida (¡qué esplendido relato de Stefan Zweig de su asesinato en su obra Momentos estelares de la humanidad) o el desamparo de Ortega y Gasset con la II República?

Solo los necios cierran sus ojos a la evidencia y no son justamente los ciegos los mejores lazarillos de compañía, ni tampoco los picaros suelen ser los mejores compañeros de viaje, cual se advierte en el Lazarillo de Tormes. ¿Se cree el susodicho Pedro Sánchez tan consistente como para desafiar a Trump y sus EE.UU de hoy o burlar las serias cautelas de la OTAN en su aquiescencia con los chinos de Huawei? Apelo a la inteligencia del chino Sun Tzu: “Un hombre malo es capaz de gobernar su propia nación hasta los cimientos para poder gobernar sobre sus cenizas”. Es la sentencia de un sabio chino de antes de Cristo.

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