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M. AGOST-J. ORTÍ La Pobla de Benifassà sufre cortes de agua al consumo humano por la situación de grave sequía que padece el territorio....

M. AGOST-J. ORTÍ

La Pobla de Benifassà sufre cortes de agua al consumo humano por la situación de grave sequía que padece el territorio. Desde hace un mes, el abastecimiento del depósito sufre complicaciones y el suministro depende de una cuba que llega desde Fredes cada tres días para renovar las escasas reservas hídricas.

Hace unas jornadas, la problemática llegó al extremo de que el consistorio se vio obligado a restringir el agua de las viviendas. Para anunciarlo, la secretaria del Ayuntamiento llamó una a una a las casas donde viven todo el año cerca de 65 vecinos para comunicar que cortarían el servicio entre las 21.00 y las 8.00 horas. Esa situación se repitió cuatro días. «De las seis horas que funciona habitualmente la subida de agua del pozo al depósito, ahora solo lo hace media hora, no alcanza el suficiente caudal para abastecer a la localidad. Las cubas nos mantienen y gastamos lo mínimo posible, pero necesitamos que llueva ya o esto no se solucionará», explica el alcalde, David Gil.

El llamamiento a la responsabilidad y al raciocinio, acompañado de la respuesta de los vecinos, resultan claves para no interrumpir de nuevo el abastecimiento. Gracias a ello, de momento, aguantan. Pero temen la proximidad de la Navidad, fechas en las que prevén un mayor consumo por el incremento de la población y de los visitantes. «Estamos en un escenario apurado, pues las reservas están al mínimo.

El boca a boca ha funcionado para afrontar esta coyuntura, pero las perspectivas no son buenas», resaltan. «Ahora gastamos el agua con conocimiento, evitando regar y ahorrando lo máximo posible», apunta el concejal y exmunícipe, José Ramón Royo. Este vecino recuerda que, en su día, un técnico les aseguró que no tendrían problemas de agua, al tener un pozo de 270 metros y contar con unos sondeos satisfactorios. «Parece que se equivocó y esta gran sequía nos ha llevado a lo que tenemos actualmente», señala Royo.

Por ello, el depósito municipal de 600.000 litros de capacidad, inaugurado en 1998, está prácticamente seco. Solo se humedece con la inyección que descargan los camiones cisterna. No es la primera vez que la localidad ubicada en el corazón del parque natural de la Tinença sufre situaciones de este tipo. Hace cinco años, al quedarse el pantano de Ulldecona bajo mínimos, la población se nutría de agua con una enorme manguera de 6 kilómetros de longitud que partía desde la pedanía del Boixar. No cortaron el agua, pero se vieron obligados a economizar el preciado recurso en espera de episodios de lluvia.

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