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BARTOMEU ROIG La estampa se ha convertido en usual. Cuando el vecino de un pueblo llega a cumplir los 100 años, su domicilio se...

BARTOMEU ROIG

La estampa se ha convertido en usual. Cuando el vecino de un pueblo llega a cumplir los 100 años, su domicilio se llena de gente, flores y hasta algún objeto de recuerdo por parte de su ayuntamiento. En el caso de Peñíscola, ocurrió hace unas pocas semanas, cuando Agustina Bayarri Martorell completó el tercer dígito en su casillero de edad.

Pero lo que no es tan usual es que este reconocimiento se haga a un turista. Esto fue lo que precisamente pasó esta misma semana, cuando se hizo una celebración por los 102 años de Sabina Martín, considerada como una de las visitantes más veteranas de la localidad, y que mantiene una fidelidad indestructible al destino. Su hijo, Teófilo Manchado, explica que su relación con la ciudad «es muy estrecha». «Disfrutamos mucho aquí, y pasamos más de un mes para desconectar del ajetreo de Madrid, de donde venimos». Llegaron por primera vez hace más de 35 años, y siguen fieles a la cita. «Al principio, estábamos en apartamentos, y en los últimos años ya nos alojamos en hoteles». Últimamente están en La Cabaña. «Allí nos sentimos como en casa, y nos facilitan mucho para que la estancia de mi madre sea lo más cómoda posible», añade. A pesar de su longevidad, sigue fiel a costumbres muy parecidas a las de los demás veraneantes. Está con sus familiares en la terraza, y va con regularidad a la playa. «La llevo en su silla de ruedas a la zona de toldos que hay frente al hotel», cuenta. Y cada 29 de agosto, «siempre en Peñíscola», cumple un año más.

Como reconocimiento, desde el Ayuntamiento le regalaron un detalle institucional, de manos del alcalde, Andrés Martínez. «Tuvimos conocimiento de esta circunstancia, y pensamos que podríamos sumarnos a felicitación, y agradecer esta fidelidad, para que siga cumpliendo muchos más», explicó. Por ello, se le hizo acto de entrega de una figura que reproduce la inconfundible imagen del núcleo histórico, y que a lo largo de los años han recibido todo tipo de personalidades. El turismo es un sector expuesto a las modas y vaivenes, de modo que tan importante como sumar un nuevo visitante es conseguir que repita en las siguientes ocasiones. Sabina representa a aquellos que llegaron a comienzos de los 80, cuando «había menos apartamentos y más discotecas», reconoce su hijo. Las cosas han cambiado, pero las ganas de disfrutar de un verano más siguen intactas. «Aunque no es sencillo llevarla cada año desde Madrid, tenemos claro que estar en Peñíscola le sienta bien», concluye.

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