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MARC DOMÉNECH Cataluña revindica su toreo en la puerta grande de Vilau en Vinaròs. El catalán consigue tres trofeos en la última fase clasificatoria...

MARC DOMÉNECH

Cataluña revindica su toreo en la puerta grande de Vilau en Vinaròs. El catalán consigue tres trofeos en la última fase clasificatoria del circuito de novilladas de Valencia impulsado por la Fundación Toro de Lidia.

El sol, encajado a las seis y media, bañaba el ruedo de la plaza de mar y salitre de un calor seco. Seis novillos de Antonio Palla, desiguales de hechuras y de entrega, fueron la materia prima sobre la que se forjó una tarde de contrastes.

Borja Ximelis abrió plaza con un Cabure más inclinado a la huida que a la pelea. Terciado, sin humillar, pero con un fondo que le permitió al mallorquín saludarlo con verónicas templadas y firmes. Se encargó él mismo de las banderillas, que compartió con Vicente Soler. Consciente de su querencia lo llevó a los medios, le habló con la muleta y el toro, sordo. Se rajó por completo y tuvo que matarlo junto a las tablas. Una estocada trasera y a por el siguiente. Con el cuarto, más serio, cambió el tono, con salto al callejón incluido. Protestó en el caballo y se guardó siempre una arrancada descompuesta. Borja, sin alardes, fue cogiéndole el sitio, consiguió mandar, hasta que un derrote lo volteó. Se levantó sin mirarse y lo mató de espadazo defectuoso. Oreja al valor.

Relamido, un colorado de salida briosa, se bebió la larga cambiada y las verónicas de seda con las que lo saludó Kevin Alcolado. En varas, apenas una formalidad. El alicantino le dio sitio, ligando derechazos templados, un circular con sabor -embarcándolo aquí y vaciándolo allí- y algún remate por alto que supo a buen toreo. El tiempo fue buen amigo ante un toro que se atoraba. Poco más se dejó, perdió las manos varias veces y la protesta se le vino encima a Relamido. Pinchó antes de la estocada contraria y desprendida que dejó la faena sin trofeo. Con Aceituno volvió a lucir capa Alcolado, encontró nobleza por el derecho y, con ella, compactó una faena breve, pero con mando. Al toro le faltó fondo para redondear, pero ofreció el suficiente para que aquellas tandas cobraran categórico cuerpo. El toro se apagó pronto, y Kevin lo mató de una estocada contraria tras aviso. Oreja concedida por un palco que cedió.

Mario Vilau despertaba aquel morbo de “toros y Cataluña” en el espectador. Al tercero de la tarde, Gamonillo, el mejor presentado y más cuajado, lo recibió a Porta Gayola. Venía dispuesto. Lo aguantó, lo remató con largas y lo llevó al centro con un aplomo de veterano. Brindó al público y se puso a torear por derecho, expuestas las femorales, con derechazos largos, naturales que sometieron la protesta y un de pecho que fue postal. Acabó por manoletinas, pero la espada le negó un premio mayor: tres pinchazos antes de la entera desprendida que le valió una oreja. Con el cierra plaza, armado y abierto de cara, lo recibió de rodillas, ligó derechazos firmes, un circular que posiblemente cumplió con los 360º y un desplante que puso al tendido en pie. Pinchó antes de la entera y paseó dos orejas que cerraron la tarde por la puerta grande.

En el balance: tres orejas para Vilau, ovación y oreja para Kevin y una oreja para Borja. Más allá de números, quedó el eco de tres novilleros empujando su camino, cada uno a su manera, en una tarde que tuvo más de voluntad que de bravura.

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