Vinaròs News

Històries d'avui en dia

MANUEL MILIÁN  En 1479 Andrea del Verrocchio, maestro de Leonardo da Vinci, escultor destacado del impresionante Renacimiento italiano, inmortalizó la figura ecuestre del condottiero...

MANUEL MILIÁN 

En 1479 Andrea del Verrocchio, maestro de Leonardo da Vinci, escultor destacado del impresionante Renacimiento italiano, inmortalizó la figura ecuestre del condottiero italiano Colleoni.  La Historia de Italia está plagada de condottieri, o mercenarios, que eran contratados  por los señores feudales o las Signorie –como la de Florencia- para librar batallas según sus personales intereses. Eran caudillos a disposición del que pagaba, no importaba la causa. Eran polivalentes con sus servicios, siempre a punto.

Según parece, en este enloquecido proceso multielectoral del que acabamos de salir a medias, algo semejante se ha producido entre nosotros. Una burguesía, residual y cobardona, ha prestado sus favores financieros a un candidato a la alcaldía de Barcelona, procedente de una brillante carrera política en Francia, Manuel Valls. Una operación relámpago, de puro márketing y oportunismo, que pudo haber sido acertada, de haber surtido los resultados apetecidos. A la postre, una fallida, un fiasco. Nadie es capaz de improvisar una operación de esta naturaleza en seis meses. Sólo los neófitos locales podían imaginárselo, habida cuenta de la distorsión estratégica en el procedimiento (Ciudadanos no es un aparato de alquiler para cualquier proyecto) y el mal cálculo de las aptitudes de los afines convergentes en el acarreo de los votos necesarios. Nunca la fortaleza a conquistar  (alcaldía de Barcelona) fue más débil: descrédito personal de la alcaldesa, desintegración de fuerzas del soporte partidario (ni els Comuns son ya lo que eran, ni la CUP era de recibo en el nuevo escenario político que se perfilaba), ni la competencia tan dividida ofrecía parangón con Manuel Valls.

No entraré yo en la dinámica de los hechos, sino en el significado de sus consecuencias. Confiar en el fuste de la burguesía catalana hoy es apostar por una entelequia. El Procés ha venido a demostrar que los nietos y vástagos de aquella burguesía de “fabricantes y banqueros” del siglo XIX, que tanto valoraba Vicens Vives y el propio Josep Pla, se ha diluido con sus fantasmas y sus miedos. Ha vendido buena parte de sus patrimonios, ha escarnecido la memoria de sus antepasados, ha invertido sus dineros en fondos internacionales, trasladó su residencia en no pocos casos en el exterior, etc. se trata de una burguesía apócrifa, en muchos casos apóstata de su liderazgo social heredado.

Una tal dejación de responsabilidades sociales no se enmienda con el fichaje de políticos –condottieros, sino con la implicación personal y de sus posturas en operaciones serias y consistentes, como fue la del Fomento del Trabajo Nacional en 1980 con Alfredo Molinas a la cabeza y que supuso un cambio de 180 grados en el veredicto de las urnas en las primeras elecciones al Parlament de Catalunya. De una izquierda marxista (PSUC + PSC) de inexorable victoria según las encuestas, se pasó a un triunfo del centroderecha nacionalista catalán (CiU + ERC), alejado de cualquier tentación marxista. Era lo que se correspondía con una sociedad industrial y de clases medias. Pero en aquel caso la estrategia estuvo perfectamente definida, las fuerzas económicas unidas, la burguesía absolutamente liderada desde Foment del Treball, y la imprescindible financiación garantizada. Las consecuencias: 23 años de gobierno moderado en Catalunya, paulatina disgregación de la izquierda, restos residuales del PSUC y el comunismo catalán, y un Jordi Pujol reinante durante varias legislaturas. Nada que ver aquel balance con el pobre resultado de esta operación, de mucha menor envergadura y dimensión. Movilizar y persuadir a 7 millones de catalanes resultaba mucho más arduo que ahora con 1.800.000 barceloneses.

Ni el síntoma postparto, ni la simbología admiten comparación entre las consecuencias de una y otra operación digamos que “empresarial”. En el caso de Valls la confusión sobre el origen de la operación ha existido desde el comienzo de la misma ¿Lo captó para su causa Albert Rivera, o más bien le fue ofrecido desde círculos empresariales para aprovechar el soporte estructural de C’s? Pienso que más que deseado, fue ofrecido  ¿Quién podía imaginar que un exjefe de Gobierno de Francia se sometería al mandato de un líder inexperto en tareas de gobierno y alta política como Rivera? Soñar, soñar… ¿Cómo admitir la injerencia permanente  de Macron, cual padrino y tutor internacional de C’s, si los intereses de España no han coincidió casi nunca con Francia, país que cobijó a ETA, y que sólo se mojó cuando Sarkozy tomó las riendas del poder galo? (La Justicia francesa acaba de liberar a Josu Ternera…). Si Rivera oficia de socio de Macron, y éste tiene una opinión bastante adversa de Valls, ¿a qué vienen ahora sus aspavientos? “No me fío de Valls –dijo Macron en cierta ocasión-; lo creo capaz de cualquier mala jugada”. Y ahora lo ha demostrado.

Yo voté a Valls y le di soporte, y pido perdón, visto lo sucedido el día después. Me fie de su campaña frontal contra Colau (“Voleu fer fora Ada Colau, voteu Valls”, ¡decía en campaña!). Como tantos otros electores, me siento estafado, engañado, manipulado. Es lo contrario al principio ético de la Democracia: la fidelidad y el compromiso del voto recibido ¿Cómo se justifica moralmente utilizar el voto para lo contrario de la propuesta comprometida? Eso es sencillamente mentir al votante, y malversar el voto, o torcer el propósito comprometido del votante, es traición al sistema democrático. Nadie me convencerá de lo contrario. Ni Valls por más que lo jure, pues ya ni su fundamento es fiable. Si a la política se le hurta el fundamento ético, no quedará nada respetable en la fundamentación política. De igual manera, si se menoscaba la fiabilidad del compromiso con el elector y la coherencia con las propuestas del postulante, la Democracia quedará en ruinas.

Justamente el mercadeo de los resultados en manos de los políticos archimediocres acabará siendo una termita para el sistema. Nadie sabrá realmente qué vota, ni en qué se convertirá su voto. Conclusión, tras el 26 de mayo: o se cambia esta pésima ley electoral y se proponen listas abiertas y doble vuelta, o la fenomenología de lo ocurrido en el actual mercadeo de pactos, preanuncia el descrédito y la quiebra de nuestro sistema, tal como hoy lo tenemos formulado.

Comparteix
Avatar

Vinaròs News

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies